Viernes, Junio 8, 2007

EL FRACASO ECONÓMICO DE LA UNIÓN SOVIÉTICA

Con este artículo se pretenden abordar las principales causas del fracaso económico de la Unión Soviética, las mismas que luego darían lugar a su posterior desintegración, lo cual servirá para poner de manifiesto la inconsistencia de la crítica neoliberal a un modelo político y económico que rompe con sus dogmas.

La Unión Soviética llegó a convertirse en una potencia mundial de primer orden gracias a la Gran Guerra Patria, la cual constituyó un estímulo lo suficientemente intenso y prolongado en el tiempo como para poner en marcha la definitiva industrialización de la economía soviética, llevando a cabo para ello grandes proyectos estatales cuya finalidad inmediata fue contribuir al esfuerzo de guerra, aquel por el que el conjunto de la economía adoptaba una orientación precisa bajo el objetivo último de ganar la guerra y conquistar la victoria final. Todo esto se concretó, básicamente, en la creación de importantes concentraciones industriales en torno a Moscú y el Volga, la implantación de grandes siderurgias, la explotación de las minas en el Cáucaso, los Urales y Siberia, la instalación de toda la maquinaria precisa para la extracción masiva de petróleo en los más importantes yacimientos del momento, lo que conllevó la creación de los principales oleoductos y gasoductos que sentarían las bases del desarrollo posterior de la economía de paz. Pero sobre todo esto el factor más decisivo fue la completa mecanización del proceso de producción a través de las nuevas técnicas que ofrecía el taylorismo. La producción en cadena permitió una vasta organización de las fuerzas productivas dentro de los programas quinquenales, y al mismo tiempo dar lugar a un crecimiento económico desorbitado en un período de tiempo reducido.

Sin duda alguna fue Stalin el máximo artífice y valedor del avance económico en la modernización definitiva de la Unión Soviética, lo que la colocaría pasada la Segunda Guerra Mundial en una posición hegemónica dentro del bloque socialista, teniendo ya carácter de superpotencia por el cual podía proyectar su poder al resto del mundo en cualquier momento.

El desarrollo económico de la URSS fue notabilísimo en la medida en que este generó empleo y mejoró sustancialmente las condiciones de vida de los soviéticos, al tiempo que el Estado se establecía de este modo como proyecto colectivo y social de todo el pueblo, en el que la economía se encontraba claramente supeditada al elemento político, el cual definía y determinaba la orientación del conjunto del aparato económico y social para la consecución de los fines del Estado. Esto fue así en la medida en que la URSS, y más concretamente Stalin, sostuvo como inevitable en el plano internacional la confrontación antagónica entre los bloques, y por tanto que ello conduciría inevitablemente a un enfrentamiento violento que produciría la desaparición de uno de ellos, en este caso el bloque capitalista con el triunfo del socialismo.

Por esto los fines del conjunto del Estado y sus esfuerzos se volcaban directamente en la política exterior dentro de una dinámica internacional de competición entre ambos bloques, desarrollando para ello un avance económico, tecnológico y militar que equilibrara la correlación de fuerzas entre las dos superpotencias hegemónicas. Esta realidad y exigencia política para el Estado en el ámbito exterior se logró conciliar con una mejora de las condiciones de vida en la sociedad soviética, un impulso de la cultura, las artes y el conocimiento científico en todos sus ámbitos, de tal modo que la propia URSS dio lugar a una importante generación de científicos y técnicos que constituirían la materia gris que serviría al país para sus ulteriores conquistas sociales, y en definitiva para impulsar los esfuerzos del Estado en materia de política exterior.

El espacio geográfico que abarcaba la antigua URSS constituía un instrumento de poder al servicio de una gran política, una política de grandes espacios y con una clara dimensión continental, la cual centró sus esfuerzos con una orientación euroasiática al afianzar su posición hegemónica en Asia Central, y garantizando al mismo tiempo una sólida alianza con la China maoísta, la cual permitiría a la URSS mantener su liderazgo en el bloque socialista, definiendo de este modo las directrices generales que este espacio debería seguir en materia internacional.

En el plano económico jugó un papel protagonista la mecanización y sistematización del proceso productivo al implantarse la producción en cadena, lo cual en conjunción con las capacidades materiales de que disponía la Unión Soviética, permitió un enorme crecimiento económico hasta pocos años después de la desaparición de Stalin.

Esta nueva forma de organizar el trabajo y la producción fue la que permitió una producción masiva que haría posible el crecimiento económico y el impulso militar y tecnológico preciso para la guerra, y más adelante para la guerra fría. La URSS destacó no sólo por la creación de grandes buques de guerra, submarinos, satélites militares, misiles intercontinentales y tanques modernos, sino que también por esta misma época dio lugar a la alfabetización de casi toda la población, la creación de un servicio sanitario universal, la implantación de viviendas sociales en las capitales, y sobre todo la extensión de un importante sistema educativo que hizo posible la nacionalización de las inmensas masas de obreros y campesinos, sistema que terminaría dando grandes prodigios en los campos científico, artístico, filosófico y técnico.

El Estado disciplinó la producción y la organización del trabajo sometiéndola a unas claras directrices que emanaban del poder político, al tiempo que los propios trabajadores comenzaban a disfrutar de una mejora en sus condiciones de vida gracias al avance económico que se había puesto en marcha, y que ya para aquel entonces era imparable. Por esta razón podemos decir que fueron tres los factores clave que hicieron posible llevar a la URSS a la posición de gran potencia mundial: las inmensas capacidades que en recursos materiales y humanos ofrecía el espacio soviético, nos referimos con esto a los recursos naturales como carbón, hierro, petróleo, uranio, gas, etc…, así como a las inmensas reservas humanas que proveían a la URSS de la mano de obra precisa para su desarrollo y crecimiento económico; juntamente con esto nos encontramos con la puesta en marcha de la modernización de la URSS, lo que implicó su definitiva industrialización, junto a las nuevas formas de organización del trabajo que hicieron posible un incremento de la producción y la organización de todas las fuerzas productivas bajo la dirección del Estado, el cual ya definía los objetivos económicos a través de la planificación; y finalmente, como último factor explicativo del despegue económico y militar de la URSS, se encuentra la supeditación del elemento económico (vinculado al orden de los medios, y por ello con carácter instrumental) al elemento político (vinculado al orden de los fines), lo que lo insertaba dentro de un orden más amplio como consecuencia de la asunción de la inevitabilidad de la confrontación entre bloques políticos y sociales antagónicos.

Las bases materiales y estructurales de la nueva economía fueron sentadas durante este período, haciendo posible el milagro económico del pleno empleo y asegurando a su vez unas condiciones de vida en las que lo imprescindible estaba garantizado. Sin embargo, tras el advenimiento al poder del lobby internacionalista liderado por Kruschev, la política de la URSS dio un giro sustancial que terminaría yendo en completo perjuicio de sus intereses como país pero al mismo tiempo del conjunto del campo socialista.

Kruschev llevó a cabo los procesos de desestalinización que implicaron deshacer gran parte de los logros conseguidos en la etapa anterior, aquellos mismos que situaron a la URSS como potencia mundial indiscutible. El aspecto fundamental que caracterizaría a la administración de Kruschev fue, sin duda alguna, la renuncia a la derrota del bloque capitalista y a aceptar la coexistencia pacífica entre ambos bloques, lo cual significaba asumir como compatibles dos sistemas que fueron concebidos como antagónicos, y que por ello estaban condenados a enfrentarse. A partir de aquí se desarrollaría toda la política interior y exterior de la Unión Soviética, determinando irremisiblemente su destino final.

La distensión subsiguiente a la formulación de esta teoría, la cual pasaría a guiar la política exterior soviética, terminó generando una conciliación con la ideología burguesa del bloque capitalista. Esta confraternización con el otro bloque se manifestó en su política interior con una mimesis de las formas y métodos de explotación capitalistas en el desarrollo económico, pasando a ser puestos en práctica en un modelo de Estado socialista. Esto implicó la completa burocratización del aparato estatal con el establecimiento de una oligarquía tecno-burocrática que pasó a ser desde entonces la nomenclatura del régimen. Fue así como se estableció en la Unión Soviética lo que podríamos denominar un capitalismo de Estado en el que la nueva oligarquía acaparó de forma parasitaria los resultados de la producción, dando con ello un paulatino empobrecimiento y estancamiento económico en el campo socialista.

La economía dejaría de tener un papel subordinado al elemento político, y pasaría a tener desde entonces su primacía sobre el resto de funciones, lo cual cambiaría sustancialmente la fisonomía y organización del propio Estado. Esto mismo coincidiría con el desarrollo de una política exterior antinatural, por cuanto la misma atentaba contra los intereses y alianzas geopolíticas naturales de la Unión Soviética. Fue así como se empezó a prestar más atención a los movimientos guerrilleros en África y América Latina, mientras se iban produciendo progresivos desencuentros con la China maoísta que desembocarían en el definitivo deterioro de sus relaciones que llevaría a una situación de clara competencia entre ambas potencias a nivel internacional, y sobre todo de cara al liderazgo del bloque socialista.

La política exterior soviética dejaría de lado su carácter euroasiático y adoptaría un sesgo claramente oceánico que respondía claramente a las pretensiones del lobby internacionalista que ocupaba en ese momento el Kremlin, y que contaba con el apoyo del partido y del servicio secreto.

Como consecuencia de la hegemonía de la función económica sobre las demás se dio la institucionalización de la corrupción dentro de los aparatos del Estado, debido al exceso de burocracia que propició entre los cargos directivos de la misma la búsqueda de su enriquecimiento personal.

La burocratización soviética implicó que gran parte de los recursos económicos y materiales generados por la propia actividad económica se emplearan para el mantenimiento de una colosal maquinaria burocrática que se había instalado como un poder autónomo dentro del régimen. El aparato administrativo de todo Estado tiene como finalidad ejecutar aquellas decisiones que han sido tomadas por el poder político, por lo que su carácter es instrumental. Con este exceso de burocratización lo que en un principio fue concebido como un medio del Estado implementar sus decisiones, terminó siendo un fin en sí mismo al pasar a ser las oficinas administrativas las que decidían por sí mismas las políticas y quienes las llevaban a cabo. Fue así como gran parte del gasto público se destinó al mantenimiento de esta gran organización burocrática que terminó estableciéndose como el verdadero poder en la Unión Soviética.

Estas circunstancias terminarían lastrando el posterior desarrollo de la Unión Soviética, ya que a principios de la década de los años 70, y debido a la crisis energética a la que dio lugar el cártel de la OPEP, se percibió con claridad la necesidad de un cambio sustancial en el modelo de desarrollo que hasta entonces había sido el fordismo. Fue en esta transición de un modelo fordista a otro postfordista y la imposibilidad de la Unión Soviética de dar ese salto lo que terminaría generando su definitiva ruina económica.

Este cambio en el modelo de desarrollo supuso transformar las economías extensivas en economías intensivas. Todo ello fue posible en la medida en que se dejó de llevar a cabo una producción masiva de bienes estándar, para generar a partir de entonces una diversificación de los bienes producidos con la aplicación de nuevas tecnologías que permitirían un incremento de la productividad, es decir, utilizando los mismos recursos dar lugar a un incremento y mejora del conjunto de la producción al tiempo que esta se diversificaba.

La Unión Soviética al no tener acceso a las nuevas tecnologías que se comenzaban a aplicar al terreno de la producción, se vio obligada a mantener una economía extensiva que no podría competir ya con el bloque capitalista. Es por este motivo que con el paso del tiempo la Unión Soviética no pudo responder a los compromisos comerciales adoptados con los países del campo socialista, debido a que cada vez era más difícil atender a las necesidades propias.

La regulación económica de los precios llevada a cabo por el Estado fue lo que permitió a la URSS durante muchos años poder subsistir, pese a que de esta manera mantenía al país en una ficción económica que encubría el endeudamiento del país, la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y la devaluación del rublo. El carácter autoritario del régimen hizo posible la subsistencia del sistema y que este no se hundiera por sí mismo, pero a largo plazo terminó comprometiendo las posibilidades de desarrollo económico de la Unión Soviética en relación con la economía-mundo.

La falta de competitividad de la URSS impidió dar salida a sus productos en las economías del bloque capitalista, al tiempo que las dificultades para cumplir los acuerdos comerciales con los demás países socialistas se hacían mayores. Esto impidió la entrada de divisas que permitieran a su vez la inversión pública del Estado, y con ello una mejora de sus capacidades productivas que hicieran posible suplir sus cada vez mayores necesidades internas. La solución que se buscó fue la de fabricar más papel moneda para artificialmente ir cubriendo dichas necesidades e impedir el colapso del sistema, al tiempo que se combinaba con la regulación pública de los precios, lo cual, como venimos diciendo, implicó sumergir a la economía soviética en una irrealidad.

Finalmente nos encontramos con la carrera armamentística de finales de los 70 durante la era Breznev, la cual se dio como consecuencia de la llegada al poder de la facción nacionalista liderada por el ejército. Esta carrera armamentística fue el resultado de un cambio importante en la política exterior de la URSS, abandonando así la coexistencia pacífica y el período de distensión previo, generando nuevas tensiones en el plano internacional en el que se volvía a establecer el enfrentamiento entre bloques. Sin embargo, pese a la formulación de la doctrina Breznev, el contexto social, económico e histórico era otro bien diferente al de la inmediata posguerra mundial.

Esta carrera armamentística implicó un desequilibrio económico y presupuestario en el Estado, ya que el conjunto del esfuerzo económico quedó orientado a la satisfacción de las necesidades y demandas militares que exigía dicha carrera. Sin duda la política recobró, temporalmente, su primacía sobre el elemento económico, pero la organización del aparato económico no estaba en condiciones para responder positivamente a estas nuevas exigencias, lo cual acabaría diezmando de manera definitiva la economía soviética.

En resumen, el fracaso económico de la URSS tuvo como causa primigenia una disfunción estructural, aquella por la que la función económica terminó tomando el control sobre la política. Esto se manifestó en dos aspectos: la coexistencia pacífica en el plano internacional, y la burocratización de las estructuras del Estado que terminaría estableciendo en el poder a una minoría tecno-burocrática que gobernaba por y para sí misma.

Como consecuencia de lo anterior nos encontramos con la inadaptabilidad del sistema económico soviético a las nuevas exigencias del nuevo contexto económico internacional. El mantenimiento de una economía extensiva y la falta de renovación tecnológica implicó, a la larga, un estancamiento y posteriormente una regresión económica tanto en la URSS como en el conjunto del campo socialista.

El Estado dejó de ser de todo el pueblo para pasar a serlo de una minoría inserta en la burocracia, la cual mimetizó las formas de explotación capitalistas y las aplicó a la nueva situación de capitalismo de Estado. La burocratización generó un anquilosamiento de las estructuras del Estado, lo cual terminó impidiendo la flexibilidad precisa para la adaptación del conjunto del sistema a las exigencias productivas del momento.

Finalmente cabe decir, en síntesis, que la raíz profunda de la crisis y desaparición de la Unión Soviética no se debió, como afirman los neoliberales, al modo de organización técnica de la economía, sino más bien a la posición que la economía ocupó en la sociedad llegando a ser soberana.

Publicado por Emboscado en 13:21:32
Comentarios

4 Responses to “EL FRACASO ECONÓMICO DE LA UNIÓN SOVIÉTICA”

  1. mirlow dice:

    quien a escrito este articulo?

  2. Emboscado dice:

    El realizador de este blog.

  3. Anónimo dice:

    gracias por tu texto, me sirvió mucho para entender algunas cosas.

  4. Anónimo dice:

    oye que buena pagina la verdad hay temas muy importantes , esta lo mas relevante y de iuna manera facil de entender ,